La construcción de la imagen 
de las Madres de Plaza de Mayo 
a través de la fotografía de prensa 



Cora  Gamarnik 


Plaza de Mayo, madrugada del 24 de marzo de 1976 - Fotógrafo: Hector “Puchi” Vázquez




Extraído del blog: 
revistaafuera.com 


Cora Gamarnik. Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Profesora Adjunta a cargo de la materia Didáctica Especial y Residencia del Profesorado en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Docente de Historia de los Medios y Sistemas de Comunicación. Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Becaria UBACYT de doctorado con el proyecto “Historia del fotoperiodismo en Argentina (1967 - 1987)”. 


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La fotografía de prensa fue un pilar fundamental para la construcción de la imagen de las Madres de Plaza de Mayo. Desde los primeros años de la dictadura se fue gestando una estrecha relación entre las madres de detenidos-desaparecidos y un grupo de reporteros gráficos. Producto de ese vínculo especial surgieron fotografías emblemáticas que son íconos de la resistencia a la dictadura hasta hoy. Este trabajo se propone reconstruir las raíces de esa relación y analizar cómo se construyó la imagen de las Madres de Plaza de Mayo como el símbolo por excelencia de la lucha contra la última dictadura militar en Argentina.


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La fotografía de prensa fue un pilar fundamental para la construcción de la imagen de las Madres de Plaza de Mayo. Desde los primeros años de la dictadura se gestó una estrecha relación entre las madres de detenidos-desaparecidos y un grupo de reporteros gráficos. Producto de ese vínculo especial surgieron fotografías emblemáticas que son íconos de la resistencia a la dictadura hasta hoy. Este trabajo se propone reconstruir las raíces de esa relación y analizar cómo se construyó la imagen de las Madres de Plaza de Mayo como el símbolo por excelencia de la lucha contra la última dictadura militar en Argentina (1).
 
El corpus que analizaremos está compuesto por fotografías, elegidas de entre cientos de imágenes, por ser las más utilizadas cuando se habla del golpe militar del veinticuatro de marzo de 1976 en libros, películas, videos, páginas web, folletos, suplementos especiales de diarios y revistas, documentales, reproducciones en la prensa internacional, muestras de fotos, exposiciones de autores, conmemoraciones, actividades relacionadas con los derechos humanos, entre otros. Por fuera de ese corpus, analizamos otra fotografía que representa justamente todo lo contrario.
 
Para este trabajo entrevisté a varios de los reporteros que sacaron esas fotografías, analicé cómo fueron tomadas, en qué circunstancias y qué circulación tuvieron. También entrevisté a Nora Cortiñas, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y relevé reportajes y conferencias de Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo.
 

Las Madres de Plaza de Mayo y su lucha por la visibilidad
 

A partir de la experiencia del golpe de Estado de A. Pinochet en Chile —cuya represión abierta en septiembre de 1973 había provocado una fuerte condena internacional en forma inmediata—, la dictadura argentina había resuelto que la represión que ejercería sería clandestina. Para su aplicación, el terrorismo de Estado necesitó de una clara política de desinformación, censura y manipulación mediática para la cual los medios fueron un actor central (2).
 
El plan sistemático y masivo de secuestros, torturas y detenciones clandestinas necesitaba que esa desaparición física esté acompañada por una invisibilización mediática. Así como se ocultaban los secuestros y el destino de los secuestrados, era vital para el terrorismo de Estado ocultar a los familiares y la búsqueda de sus seres queridos. La negación de la existencia de los detenidos-desaparecidos se extendió a los familiares que los buscaban. Una de las formas de esa negación era la ausencia de dichas noticias en la prensa o su presentación confusa, tergiversada y/o descontextualizada.
 
Como resultado de esa política represiva surgió, entre otros organismos, este movimiento genéricamente llamado de Madres de Plaza de Mayo, que incluía también a otros familiares y amigos de aquellos que habían sido secuestrados y desaparecidos.
 
Las innumerables gestiones, el dolor, la esperanza, el maltrato y la humillación de que eran objeto en sus acciones de búsqueda las fue uniendo. Al principio ellas formaban parte de enormes grupos de gente que buscaba espontánea y desesperadamente a sus seres queridos, hijos, parejas, padres, hermanos. Sin saber muy bien qué hacer, ni dónde ir, sin encontrar respuestas, se encontraban con otros como ellas en sus dolorosos peregrinajes. La inorganicidad inicial se ve reflejada en su propio nombre, ligado a su lugar de encuentro, la Plaza de Mayo. Tampoco eran un grupo numéricamente importante al principio (3). La frustración tras las gestiones que realizaban y el profundo desconocimiento (al igual que la mayoría de la población) de lo que verdaderamente sucedía con ellos en los centros clandestinos de detención, de la real dimensión de la represión y de los alcances y el destino de la mayoría de sus hijos e hijas, hizo que tomaran decisiones que otros tildaban de temerarias e imprudentes mientras para ellas eran de sentido común: interpelar directamente al presidente de la Junta Militar que gobernaba, el Teniente General Videla en ese entonces, frente a la Casa de Gobierno, con una simple consigna: “Los desaparecidos, que digan dónde están”. Esa ignorancia sobre el verdadero destino de sus hijos (producto también de la experiencia vivida en dictaduras anteriores, donde la represión no había llegado a la magnitud y grados extremos de crueldad de esta última) fue la fuente de su esperanza. Pensaban que sus hijos estarían vivos y detenidos en algún lugar y querían saber dónde poder visitarlos, llevarles comida y abrigo. No podían perder tiempo. Sus hijos, con vida, en algún lugar desconocido, las necesitaban.
 

Los fotógrafos de prensa durante la dictadura
 

Desde comienzos de la década de los 60 en Argentina, se había dado en la fotografía de prensa un cambio radical. La imagen comenzó a tener un lugar destacado, especialmente en las llamadas “revistas ilustradas” y salió del rol de decoración que había ocupado en la prensa masiva hasta el momento. Al mismo tiempo, una nueva generación de fotógrafos —surgida especialmente al calor de las publicaciones militantes de la década de los setenta—, aparecía en la escena mediática no sólo con una mirada comprometida políticamente, sino también con una formación más profesional que la de los fotógrafos de prensa de los diarios masivos y comerciales hasta entonces. Dicha combinación dio como resultado la aparición de una nueva generación de fotógrafos y de un nuevo tipo de fotoperiodismo, tanto desde el punto de vista estético como político. Todo esto vio impedido y frustrado su desarrollo a partir del golpe de Estado de 1976. Para los fotógrafos de prensa que estaban más comprometidos con la realidad social y política del país, la situación laboral se hizo más riesgosa e inestable y en algunos casos, imposible de ejercer.
 
Durante la dictadura (y ya desde antes), fotógrafos de la llamada prensa militante fueron perseguidos. Algunos de ellos fueron secuestrados y asesinados y otros tuvieron que esconderse o se exiliaron (4). A la estricta censura que impuso la dictadura en sus inicios se le sumó la gran cantidad de medios clausurados o intervenidos, con la consecuencia de cientos de periodistas amenazados, cesanteados o despedidos —en especial aquellos que tenían una militancia política y/o gremial— o que se quedaron directamente sin su fuente de trabajo (5). Cambiar de área en la misma redacción, trabajar en medios de más baja exposición o cambiar de empleo (haciendo fotos publicitarias por ejemplo) fueron algunas de las estrategias que periodistas y fotógrafos comprometidos utilizaron para sobrevivir y seguir ejerciendo la profesión. Esto hizo que, no obstante la represión y la censura, gran parte de los fotógrafos continuase con su trabajo en las distintas redacciones y agencias en las que lo ejercían aunque con muy poca libertad de movimiento y con un estricto control de lo que se publicaba (6).
 
Al mismo tiempo, en el inicio de la dictadura no había grandes acontecimientos que fotografiar, en la superficie política parecía que no pasaba absolutamente nada y la actividad central de los reporteros gráficos era cubrir actos militares uno tras otro (7), sacar fotos deportivas o de figuras del espectáculo. Esto hizo que algunos fotógrafos buscasen nuevas formas de seguir sacando fotos interesantes y comprometidas aun bajo esas circunstancias. Surgieron así dos estrategias para obtener fotos visualmente atractivas y políticamente opositoras: la primera consistía en sacar, en esos mismos actos —a los que eran enviados por las agencias y medios para los cuales trabajaban—, fotos de los militares, miembros de la Iglesia o civiles implicados con el régimen, en gestos, actitudes y poses que los ridiculizaran o los mostraran en actitudes sospechosas, equívocas. Es una “fotografía irónica” de gran valor simbólico. La segunda estrategia era sacar de todos modos fotos que estaban prohibidas de ser tomadas o que iban a ser directamente censuradas y guardarlas esperando que alguna vez pudieran salir a la luz. Gracias a esas fotos clandestinas que no salieron en su momento publicadas en ningún sitio, tenemos hoy registro de los inicios de la lucha de las Madres y otros familiares. Un ejemplo de estas imágenes es del fotógrafo Jorge Sanjurjo, que en ese entonces trabajaba en el diario Crónica. Los familiares y las Madres en particular se encontraban haciendo interminables colas frente al Ministerio del Interior, en la calle Balcarce al cincuenta, reunidas en la Plaza de Mayo o en otras reparticiones, por donde las distintas instituciones de la dictadura las hacían circular con una estrategia de humillación y desgaste. El doce de agosto de 1976, Sanjurjo registró una de esas esperas. Sólo se ve una fila de gente haciendo cola frente al Ministerio del Interior, los familiares no tienen aún identificación, ni pañuelos, ni fotos de sus hijos. No se sabe qué esperan ni por qué están allí. La foto no puede explicarlo pero lo registra (8).


12 de agosto de 1976. Familiares de desaparecidos frente al Ministerio del Interior.
Fotógrafo Jorge Sanjurjo. Archivo Crónica. Publicada en Cerolini, Reynoso (comps) 2006: 101.


Esa nueva camada de fotógrafos que había surgido con la renovación de la prensa en la década de los sesenta va a emerger con fuerza hacia 1981. En octubre de ese año un grupo de reporteros se reúne y organiza lo que sería la primera Muestra de Periodismo Gráfico Argentino, con el objetivo de exponer las fotos que habían sacado durante esos años y que no habían sido publicadas o habían sido directamente censuradas por los grandes medios (9).
 
Todavía en ese año, las Madres de Plaza de Mayo no eran conocidas masivamente en Argentina, se sabía más de ellas en el exterior gracias a la actividad de grupos de exiliados, de periodistas internacionales y a las imágenes que los reporteros nacionales y extranjeros hacían llegar a la prensa internacional. En el país, sólo se sabía de ellas en grupos reducidos mientras la gente común las ignoraba y la dictadura las perseguía, identificaba y maltrataba. Las muestras de periodismo gráfico (tímidamente en 1981, con más fuerza en 1982 y con un extraordinario despliegue en 1983) colaboraron para difundir sus imágenes en el país y mostrar a un público más masivo sus rostros y sus formas de lucha. Algunas de las fotos que aún hoy son los íconos representativos de las Madres de Plaza de Mayo, y por extensión el símbolo de la resistencia a la dictadura militar, fueron expuestas por primera vez en esas muestras.
 

El rol de periodistas y fotógrafos
 

Pierre Bousquet era el subdirector de France Press entre 1975 y 1980 en Argentina, además de ser el único corresponsal extranjero acreditado ante las Fuerzas Armadas. A través de las denuncias que llegaban al exterior, la agencia francesa estaba al tanto de la situación de los derechos humanos en el país y le dio a su corresponsal en Argentina libertad para seguir el tema (Bousquet, 1983, citado en Gorini, 2006: 87). Mientras que para los periodistas argentinos involucrarse era un riesgo físico concreto, para los corresponsales extranjeros se hacía más sencillo debido a que la Junta Militar quería evitar enfrentamientos con la prensa internacional. Bousquet y otros periodistas establecieron una verdadera “malla de protección” alrededor de las Madres: asistían a la Plaza para que no se quedaran solas frente a la policía, difundían sus reclamos por el mundo y hasta marchaban de su brazo para evitar que las reprimieran. Varios fotógrafos fueron detenidos en ocasión de manifestaciones que las Madres organizaban (Bousquet, 1983, citado en Gorini, 2006: 87).
 
Sin dudas los fotógrafos y periodistas ayudaron en un inicio a que este pequeño grupo de madres adquiriera una rápida trascendencia internacional. Bousquet señala: “Para hacer un frente común, hicimos entre los corresponsales de las agencias AP, Reuter, EFE, ANSA, Prensa Latina y Tass un acuerdo no escrito de intercambiar datos” (Bousquet, 1983, citado en Gorini, 2006: 88).
 
En ese entonces la estrategia de la dictadura frente a las preguntas de los corresponsales por la actividad de las Madres y por el destino de sus hijos, fue despreciar a las Madres, acusarlas de “subversivas al servicio del terrorismo internacional para dañar la imagen del país en el exterior” y tratarlas de locas. Pero su propia presencia imponía otra verdad. Sus rostros angustiados, sus rondas y marchas, sus formas de reclamo, eran una denuncia constante que había logrado superar el silencio impuesto por el terror. La ronda alrededor de la pirámide y el pañuelo blanco en la cabeza habían surgido de la necesidad pero se transformaban en símbolos.
 
Las Madres comprendieron muy pronto que para que su reclamo sea escuchado y trascendiera las fronteras nacionales necesitaban tener una estrategia frente a los medios de comunicación. Se habían dado cuenta, desde sus primeras reuniones, que la presencia de periodistas y fotógrafos extranjeros en la Plaza de Mayo las protegía, pero no sólo eso, esencialmente les daba la visibilidad que la dictadura y los medios nacionales les negaban. Resolvieron entonces que cuando llegaba algún personaje internacional importante al país se harían presentes en los actos públicos. Cada ocasión que les permitiese llamar la atención de los medios no debía ser desaprovechada. “Querían ser vistas. Era una obsesión” (Gorini, 2006: 17).
 
La primera vez que esto ocurrió fue con la visita en agosto de 1977 del subsecretario de Asuntos Interamericanos de Estados Unidos, Terence Todman, al que acompañaban además periodistas norteamericanos. Las Madres gritaron y agitaron pañuelos blancos para llamar la atención. El hecho salió publicado en el diario Crónica, y fue esta la primera vez que apareció una foto de las Madres en un diario masivo (Gorini, 2006: 97). El éxito de esta estrategia las impulsó a repetirla. La siguiente oportunidad se les presentó con la llegada del secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Cyrus Vance. Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, lo relata: “Cuando vino Cyrus Vance, fuimos a la Plaza San Martín. Cuando ponían la ofrenda floral, gritamos y pedimos por nuestros desaparecidos y también hicimos que la prensa se interesara. Y de ahí hay una foto, que ha dado la vuelta al mundo, donde las Madres estamos gritando y pidiendo por nuestros desaparecidos” (Bonafini, 1988 ).
 
Es el caso de la foto de Associated Press que fue levantada por otras agencias y se publicó en medios internacionales. Fue el primer triunfo mediático de las Madres. La imagen es la síntesis del dolor: las mujeres fotografiadas expresan en sus rostros la angustia y la desesperación que vivían. Se ven cuatro madres, cada una de ellas refleja con su gesto los sentimientos y actitudes por los que atravesaban. Llanto incontenible en un caso, ruego en el otro, grito y reclamo en el tercer caso y mirada tensa e inquisidora en el último.



Noviembre 1977. Plaza San Martín. Visita de Cyrus Vance.
Fotógrafo: Eduardo Di Baia, Associated Press


Mientras la dictadura negaba la existencia de los desaparecidos, su presencia pública y mediática —en sí misma una denuncia— lo desmentía. Al doble ocultamiento, de los desaparecidos y de sus familiares buscándolos, se les opuso una doble visibilidad (10). Por un lado, las madres y otros familiares comenzaron a portar las fotos de sus hijos e hijas, esposos, mujeres, nietos y nietas, devolviéndoles un rostro, una identidad, una historia y un lazo social, volviendo visibles a quienes habían sido desaparecidos, es decir, ocultados a la vista social. Pero ellas mismas estaban invisibilizadas. Ahí es donde la acción de algunos foto- reporteros permitió ayudar a quebrar esta segunda invisibilización. Varios fotógrafos de prensa (11) señalan que durante esos años documentaban las acciones de las Madres y de otros familiares, fotografiando muchas veces a escondidas, enfrentando las directivas de las empresas de medios y en algunos casos bajo riesgo físico, sabiendo que ningún medio por entonces publicaría esas imágenes.
 
Cuando estas fotografías se hacen visibles, en las primeras muestras de periodismo gráfico, no sólo se ponen al alcance de un público más numeroso sino que también son vistas por los mismos sujetos allí fotografiados. Daniel García, fotógrafo en ese entonces de la agencia Noticias Argentinas y actual jefe de fotografía de France Press, recuerda los mensajes de agradecimiento emotivos que dejaban en los libros de visita de las muestras las Madres y otros familiares, que se veían por primera vez a sí mismas representadas como símbolos de resistencia en el país. Lo que se mostraba de ellas incidió en su autorepresentación. De este estrecho vínculo, dan cuenta tanto las Madres como fotógrafos y periodistas. Roberto Gómez, director del periódico Acción (12) durante los años de la dictadura militar, señala:
 
Si hablamos de la lucha contra la dictadura militar, aparece un símbolo universal: las Madres de Plaza de Mayo, pero ¿qué fueron y qué son las Madres de Plaza de Mayo, sino fundamentalmente una imagen, una imagen fotográfica? Resulta imposible separar al símbolo político más alto de la lucha contra la dictadura de su imagen visual. Esos pañuelos blancos, esas figuras dolorosas rondando la plaza, son uno de los grandes aportes de los reporteros gráficos. Sin ellos, ese símbolo no se hubiera terminado de construir. (Gómez, en AA.VV., 2001)
 
Si bien podemos leer una exageración polémica en esta opinión, nos permite afirmar, sin dudas, que estas fotografías ayudaron a conformar y amplificar la dimensión simbólica de este movimiento.
 
Nora Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, destaca en consonancia:
 
Las fotos sirvieron para identificarnos como grupo, siempre buscábamos que hubiera fotógrafos en nuestras actividades y llamábamos a los diarios para avisar de las cosas que íbamos a hacer […]. El rol de los fotógrafos ayudó totalmente para la denuncia cuando no se podía poner en letras lo que el hecho representaba. Las [imágenes] de la represión en las calles, los milicos con los fusiles provocándonos, todo eso ayudó para que en el mundo entero se conociera el drama que se vivía. Nosotros siempre le estuvimos agradecidos a la prensa gráfica. Cada año ellos en sus muestras iban poniendo como evolucionaba el tema de derechos humanos (Entrevista realizada por la autora, 2009).
 
Un claro ejemplo del estrecho vínculo que se gestó entre los reporteros gráficos y las Madres lo representa un caso particular: el archivo fotográfico de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) fue donado y funciona en el actual Museo de la Memoria en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
 

Las Madres y las fotos de sus hijos
 

Además de las estrategias por darse visibilidad a sí mismas, las Madres se dieron espontáneamente estrategias para hacer visibles a sus hijos desaparecidos. Para ello usaron como recurso esencial a las fotografías que cada una tenía de ellos. Fotos sacadas para otros fines y en otros contextos: fotos de documento —a veces las únicas disponibles—, fotos escolares o imágenes de momentos felices, casamientos, bautismos, cumpleaños. La fotografía tornaba visible la desaparición y permitía reconstruir la identidad de la persona desaparecida, darle un rostro, recuperarlo en su densidad personal, familiar e histórica. Como señala Da Silva Catela: “Si la categoría de desaparecido englobaba a todas las individualidades sin distinguir sexo, edad o trayectoria, las fotografías permitían mostrar una existencia individual, una biografía. La imagen permite la constitución de la noción de persona, haciéndola salir del anonimato de la muerte, para recuperar una identidad y una historia” (Da Silva Catela, 2009: 341). La fotografía de los desaparecidos desde entonces, en sus múltiples usos y soportes, se constituyó en una de las principales formas de representación de la desaparición.
 
Desde sus inicios en el siglo XIX, la fotografía demostró ser un eficaz medio de lucha contra el olvido. El retrato, uno de sus usos más extendidos, sirvió históricamente para vivificar lo muerto, para recordar a los familiares fallecidos, para establecer nexos entre la vida y la muerte. El uso que le dan las Madres a las fotos de sus hijos se apoya en esta tradición previa a la que le suman la dimensión política. Los familiares no sólo usan la fotografía para recordar, esencialmente buscan, denuncian y hacen re-aparecer en la escena pública al ser desaparecido.
 
En un primer momento la foto de sus hijos comenzó a utilizarse como un instrumento de búsqueda(13), luego, las mismas imágenes fueron llevadas a encuentros con sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, de nuevo con la esperanza de saber algo de su destino (14). Muy tempranamente también se transformaron en una herramienta de denuncia internacional. Las fotografías de desaparecidos y de niños apropiados recorrieron el mundo en manos de exiliados o de instituciones que se hacían eco de la desaparición de personas en Argentina. Sin que haya sido planeada como estrategia sino como consecuencia directa de su propia práctica, esas fotografías se transformaron en un instrumento de contrapropaganda política, que denunciaba el accionar clandestino del Estado terrorista: al mismo tiempo que secuestraba negaba las desapariciones. Fue un instrumento que ayudó a que organismos y medios internacionales se transformasen en activos denunciantes de lo que aquí sucedía. También se utilizaron en la conformación de archivos y en la construcción de legajos y, más cerca en el tiempo, se construyeron numerosos blogs y sitios de Internet donde gracias a la fotografía se puede identificar y conocer la historia de los desaparecidos. Y por supuesto, las fotos tuvieron y tienen un uso intransferible y personal, dado por cada madre y familiar en el interior de sus hogares. Pero el uso que nos interesa particularmente desarrollar aquí es el que las Madres les dieron a esas fotos públicamente, portándolas sobre su cuerpo, llevando a sus hijos arrancados con violencia de sus vidas, una vez más sobre sí mismas. Primero prendidas sobre su ropa con alfileres, luego colgadas en su pecho en pequeños cartones, luego llevadas como estandartes en alto, la foto les permitía llevar al hijo con ellas, tenerlo de alguna manera de nuevo cerca, mostrarlo vivo.
 
De todos modos, hay que aclarar que las diferentes relaciones que las Madres de Plaza de Mayo establecieron con la fotografía estuvieron atravesadas por los mismos desacuerdos que atraviesan políticamente al movimiento y que motivaron la división en dos sectores a partir de 1986. En un inicio todas ellas portaban las fotos de sus hijos con sus nombres, pero cuando se divide el organismo, también comienzan a diferenciarse en el uso que les dan a las fotografías. El grupo liderado por Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, decidió dejar de individualizar las fotos del familiar secuestrado (lo mismo hicieron con los pañuelos, a los que dejó de bordarse el nombre del familiar secuestrado) y proponían que cada madre lleve cualquier pancarta en las marchas y no necesariamente la que tuviese la foto de su familiar (15).
 
Nora Cortiñas señala, por su parte, que para ella fue fundamental el uso de las fotografías de sus hijos con su correspondiente identificación:
 
En las primeras marchas en las que fuimos con la foto y el nombre, nos encontramos que aparecían muchos compañeros de nuestros hijos que no sabían ni siquiera que estaban desaparecidos sus compañeros, en ese momento, en los primeros tiempos que fuimos. […] Porque por ahí los conocían por apodo, entonces con la foto y el nombre veían y se enteraban […]. Con el nombre en el pañuelo lo mismo. Así nos identificaban, sabían, esta es la mamá de tal chico o de tal chica. Y la foto fue fundamental. (Entrevista realizada por la autora, 2009).
 
Justamente ella relata cómo surgió la idea de portar las fotos de sus hijos como pancartas:
 
Un día vino un padre, Santiago Mellibovsky, que estaba trabajando con nosotras, pensando siempre en hacer cosas y que tenía en su casa un pequeño estudio de fotografía y tuvo la idea de registrar la foto de cada uno y hacerlas en grandes. Y lo hicimos. Le costó salud hacer todas esas miles de fotos. La primera vez que fuimos con las fotos en grande, fue terrible. Mi marido que estaba en la calle, esperando que llegáramos con la movilización, cuando vio venir la columna, que veníamos por Diagonal, con las fotos más grandes que nosotras, se descompuso. Es que era impresionante. (Entrevista realizada por la autora, 2009)
 
Ese nuevo uso de las fotos de desaparecidos llevadas por sus familiares como pancartas permitieron un despliegue visual que los fotógrafos supieron aprovechar y ayudaron a expandir.
 

La imagen de las Madres
 

No todas las madres de desaparecidos formaron parte de las Madres de Plaza de Mayo. En verdad, sólo una minoría conformó aquel grupo. La mayoría, según Gorini, (2006: 25) no sobrepasó la búsqueda individual. La impotencia, la imposibilidad de asumir un nuevo rol social, la negación, la depresión, la enfermedad, la muerte y el suicidio fueron en realidad las respuestas predominantes. En algunos casos, aceptaron la desaparición como un “castigo” impuesto por la dictadura. Sin embargo, la idea de las Madres luchadoras es la visión por excelencia que recorre aquella época. Creemos que la difusión de estas fotografías altamente simbólicas que sacaron los reporteros gráficos ayudó a crear esta imagen, que a su vez repercutía en el propio movimiento y en la mirada que las Madres comenzaron a tener de sí mismas.
 
La mayoría de las madres que buscaban a sus hijos no tenían formación ni militancia política y eran amas de casa. Una cierta subestimación por parte de la dictadura y una percepción tardía de la relevancia que podía adquirir su movimiento permitieron la emergencia de lo que sería uno de los principales focos de resistencia frente al poder militar. Como señala Gorini: “El retraso en percibir a las Madres como una fuerza política tuvo también raíces en el propio núcleo de estas mujeres: tampoco ellas, en sus comienzos, se concibieron a sí mismas como un movimiento político” (Gorini, 2006: 26).
 
En el imaginario social y cultural dominante, toda madre tiene el deber de cuidar y bregar por la seguridad de sus hijos, y eso era precisamente lo que hacían estas mujeres, quiénes por lo general compartían esta idea de familia ideal (16). ¿Cómo cuestionar entonces a las madres que lo único que hacían era cumplir con su deber, deber que por otro lado coincidía con el ideal dominante de familia? La dictadura comenzó entonces a tratarlas de locas y a acusarlas de malas madres (17).
 
Su presencia en la Plaza de Mayo fue cada vez más efectiva y visible y empezaron a sufrir la represión en carne propia: las golpeaban, las reprimían, les impedían permanecer paradas o marchar y las llevaban detenidas. Algunas de ellas, entre otras su primera presidenta, fueron asimismo secuestradas y desaparecidas.
 
La característica especial de la imagen de las madres era exactamente eso, su rol de madres. Mujeres sencillas, amas de casa que andaban con carteras o bolsas de las compras, que caminaban sin descanso con sandalias o zapatos de taco bajo, a las que con gran fragilidad e inocencia se las ve enfrentando a los caballos de la policía montada, rodeadas de policías, caminando juntas, tomadas del brazo, aguantando la lluvia. Mujeres llorando y consolándose. Mujeres resistiendo. La imagen de las madres que la mirada y el trabajo profesional de los fotógrafos permitió hacer circular favorecía la empatía con ellas, generaba compasión, llamaba a la solidaridad y provocaba indignación hacia el régimen, aun para aquellos que desconocían la verdadera dimensión de la represión.
 
Hemos seleccionado para analizar en este trabajo un corpus de imágenes que son las más famosas, premiadas y utilizadas fotos de las Madres de Plaza de Mayo. Hallamos en ellas tres ejes bien claros de análisis que se reiteran en la construcción de su imagen. El primero de ellos lo denominamos el eje de la resistencia a la represión.
 
En las siguientes fotos se puede ver a las madres con expresiones de dolor, de miedo y de ingenuidad respectivamente, que sin embargo enfrentan a la policía montada que la dictadura utilizaba sobre todo para amedrentarlas. En las dos imágenes tienen especial protagonismo los caballos. El mensaje es claro, no importa la dureza de la represión, ellas la enfrentan. La primera imagen es Daniel García, tomada en la Marcha de la Resistencia el diez de diciembre de 1982. La madre que se ve reflejada en el vidrio es Lilia Orfanó. Daniel García cuenta que desde temprano se había armado un cordón de policías para impedir el ingreso de las Madres a la plaza. Él se colocó detrás del cordón para poder fotografiarlas de frente sabiendo que ellas habían decidido llegar hasta donde se encontraba la policía y tratar de pasar. A partir de la repercusión que tuvo esta imagen, el fotógrafo estableció una relación personal con la Madre allí representada y posteriormente armó un trabajo fotográfico contando la vida de ella y de sus dos hijos secuestrados. “No puedo hablar por todos, pero había vínculos que pasaban por lo solidario, por lo ideológico y por lo afectivo. Terminamos construyendo una relación afectiva inevitable”, señala Daniel García (18). Una de las fotos de ese trabajo era la imagen de la puerta misma de la casa de la familia Orfanó, que había sido pintada con la leyenda “Lidia y Lucas subversivos”.




Marcha de la Resistencia. 10-12-1982. Fotógrafo: Daniel García


La segunda imagen es de Eduardo Longoni y fue tomada en la manifestación del cinco de octubre de 1982, dos madres se cubren juntas mientras un policía a caballo las embiste. Una de ellas parece envolverse y cubrirse con una bandera. Detrás hay más policías montados a caballo. Al respecto el fotógrafo cuenta:
 
Las Madres de Plaza de Mayo, con los pañuelos y las marcas de los desaparecidos en las arrugas de las caras, peleaban en los despachos oficiales, en sus casas, en las calles. El día de la Marcha por la Vida querían llegar a su plaza, pero un poder en retirada quería impedirlo. En la esquina de Diagonal Norte y Piedras se enfrentaron con un cartel y con su dignidad contra la policía montada. En medio de esa escaramuza recuerdo que pensé lo contrario de lo que Susan Sontag sostenía sobre la fotografía de prensa, quien la calificaba esencialmente como un acto de no intervención. Necesité estar a tiro de los palos de los policías, casi bajo los hocicos humeantes de los caballos. Allí donde estaban ellas, tratando de hacer pie. Sólo de esa cercanía podía surgir una foto que mostrara el dolor, la impotencia, una imagen de la rabia (Cerolini, 2006: 181).



Marcha por la vida 2 de octubre de 1982. Fotógrafo: Eduardo Longoni



La idea de intervención en la realidad política, la decisión de estar cerca de las Madres a riesgo de sufrir en carne propia la represión para poder documentarla, es una constante en los testimonios de algunos de los fotógrafos de prensa de esos años. Si bien hay una visión “heroica” de su trabajo en este relato, es estrictamente cierto que los reporteros, por su misma tarea, necesitaban estar cerca de los acontecimientos y esto los colocaba en el centro mismo de la represión.
 
El segundo eje de análisis que encontramos en las fotografías es el de la voluntad y la perseverancia. Cada una de estas imágenes, incluso con características y formas bien distintas, refiere a las formas de lucha. Son imágenes de resistencia, en el doble sentido del término, en algunos casos como en la foto de Daniel García ellas están bajo la lluvia, literalmente con sus pies bajo el agua. El fotógrafo cuenta: “Era un jueves. Recuerdo que fue la única vez que vi inundada la Plaza de Mayo en la historia. Había llovido muchísimo pero nunca había visto la plaza inundada. Quizás los mismos milicos taparon los desagües para que la plaza se inunde y ellas no vayan” (Entrevista realizada por la autora, 2009).



28 de abril de 1983. Fotógrafo Daniel García


En la imagen de Adriana Vestido (19), sacada en 1982, una madre y una hija se confunden en el mismo gesto de grito y de bronca. Es el marido/padre el que está ausente. La niña también lleva el pañuelo blanco. La metáfora está presente, la lucha continuará de la madre a la niña. Son fotos que hacen eje en la persistencia, en el dolor transformado en lucha.



Año 1982, Avellaneda. Fotógrafa Adriana Lestido


Es el caso también de la ronda en la imagen de Carlos Villoldo. Ese círculo perfecto que da la idea de movimiento continuo, de algo que no tiene principio ni fin. Esta foto fue tomada en 1981. Al respecto el fotógrafo cuenta:
 
Era habitual, en la agencia Noticias Argentinas, encontrar los jueves en el recordatorio el anuncio de las Madres en la Plaza de Mayo […]. Un día decidí separarme un poco de la ronda y conseguir un lugar en los alrededores para reflejar, en una misma toma, la ronda, la pirámide y la indiferencia del resto. No fue fácil […] pude acceder a una ventana […] y para mi sorpresa tuve que pedir permiso a uno de los cinco o seis “fotógrafos” apostados con largos teleobjetivos… (Cerolini, 2006: 184) (20)



Ronda de Madres de Plaza de Mayo. Año 1981. Fotógrafo Carlos Villoldo


La siguiente foto que seleccionamos como parte del eje que denominamos de voluntad y perseverancia fue elegida para ilustrar la tapa del libro La rebelión de las Madres, historia de las Madres de Plaza de Mayo, Tomo I (1976-1983), de Ulises Gorini. Fue sacada en 1979 por Omar Torres, reportero de la agencia DYN en ese entonces. Se puede ver en ella a seis madres de espaldas, con sus pañuelos avanzando hacia la Casa Rosada (21). La fotografía fue publicada por primera vez el lunes 4 de octubre de 1982 en el diario La Voz para ilustrar un texto sobre una petición de los organismos de derechos humanos y Clarín volvió a utilizarla en abril de 1983. Omar Torres, entrevistado por Ana Bianco, comenta:
 
No recuerdo con exactitud la fecha, pero era seguro un jueves. Yo trabajaba para la Agencia DYN […]. Esa tarde, las Madres como siempre habían dado vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo en reclamo por el paradero de sus hijos. Finalizada la ronda, hablaban entre ellas y les pregunté qué iban a hacer, me contestaron que el propósito era la entrega de un documento de denuncia en la Casa Rosada. Luego comenzaron a caminar y noté que no había visto nunca una fotografía de ellas tomada desde atrás y caminando hacia la Casa Rosada. El sol me favorecía, porque al caer sobre los pañuelos blancos los resaltaba contra la arquitectura de la Casa de Gobierno. Fue sólo eso, disparar con mi cámara Nikon con un lente de 180mm. Después llegué alas oficinas de DYN, hice las impresiones y las envié por telefoto a los periódicos. (Bianco, 2008).
 
Encontramos en este testimonio dos datos interesantes, por un lado el fotógrafo habla con las Madres, quienes le anticipan sus movimientos, y así él puede planificar su foto. Por otro lado Omar Torres elige el ángulo, mide la luz, selecciona un nuevo encuadre que no había visto antes, o sea, cumple con su labor profesional. Pero su mirada destaca cómo, al caer el sol sobre los pañuelos, los resalta contra la arquitectura de la Casa Rosada. Su mirada permite una síntesis perfecta, brinda la metáfora necesaria. Los pañuelos, aun con toda la fragilidad, pero acompañados por el sol del atardecer, se enfrentan a toda la estructura de la Casa de Gobierno.



Madres de Plaza de Mayo yendo a entregar un petitorio a la Casa Rosada.
Año 1979. Fotógrafo: Omar Torres



Por último tenemos las fotos que se centran en el tercer eje que denominamos de la tristeza y el dolor. En el primer caso, la fotografía es de Pablo Lasansky, fotógrafo de la agencia Noticias ArgentinasEl llanto de la madre, la única de la imagen a la que se le identifica bien el rostro, está rodeada de hombres con cascos rígidos, negros, cuyos portadores son anónimos, símbolos sin rostro. Por contraste, la madre con el pañuelo blanco, que uno imagina suave como una envoltura tierna, se seca las lágrimas sin soltar la bandera que porta. La imagen se compone de binomios opuestos: fragilidad/dureza, luz/sombra, nitidez/desenfoque, rostro identificable/anonimato.



Año 1983. Fotógrafo Pablo Lasansky


Las otras imágenes que componen este tercer eje muestran el dolor pero en estos casos unido a la solidaridad y el amor. Es el caso de la foto de Daniel García, el llanto de la madre, casi en actitud de rezo, es consolado por una mujer que la besa tiernamente mientras sostiene con firmeza una pancarta donde adivinamos la imagen de un desaparecido. La metáfora es ternura y sufrimiento pero sin claudicación.



Año 1982. Fotógrafo Daniel García



Por fuera de estos tres ejes encontramos la foto de Marcelo Ranea, una imagen inclasificable, la primera imagen de las Madres publicada en la tapa del diario Clarín —el de mayor tirada en ese entonces en el país—. También fue tapa del Excelsior de México, del New York Times y del diario El País de España. El fotógrafo obtuvo el premio Rey de España a la mejor fotografía periodística del año 1983, otorgado por el Instituto de Cooperación Iberoamericana y la Agencia EFE, premio considerado como el más importante del periodismo de habla hispana. Fue sacada el cinco de octubre de 1982, en la Marcha por la Vida, y es la imagen más odiada por las propias Madres. Ese aparente abrazo no fue tal. Como se puede ver en otras fotos tomadas desde otros ángulos, instantes antes y después de esa toma, y según relataron numerosos testigos y fotógrafos presentes en ese momento, la Madre que está siendo supuestamente abrazada en la foto tenía un ataque de nervios y quiso pegarle en el pecho al policía que les impedía avanzar hacia la Plaza de Mayo.



5 de octubre de 1982, Marcha por la Vida. Fotógrafo Marcelo Ranea

5 de octubre de 1982, Marcha por la Vida. Fotógrafo Marcelo Ranea

Fotógrafo no identificado. Archivo Memoria Abierta


Fotógrafo no identificado. Archivo Memoria Abierta



El oficial (22) la agarró para detenerla y, sabiéndose rodeado de fotógrafos, creó ese gesto ficticio. A pesar de existir muchas otras fotos que muestran lo contrario, el diario Clarín, que tenía la secuencia entera tomada por el fotógrafo y que consistía en siete imágenes de las cuales sólo una contiene este gesto(23), elige esta imagen y la publica en tapa señalando: “En la foto un oficial de policía consuela a una de las asistentes”. Al día siguiente, Clarín vuelve a publicar la foto en el espacio destinado al editorial y señala: “[…] el problema de los desaparecidos y presos sin proceso es uno de los más serios que afronta la comunidad argentina, la cual no podrá avanzar sin dilucidarlo hacia las metas de la reconciliación y de la prometida democracia” (Clarín, 7/10/1982). La foto de ese falso abrazo era la imagen de reconciliación que el diario proponía (24).
 

Algunas conclusiones
 

Este grupo de fotógrafos y las Madres de Plaza de Mayo se necesitaban y se apoyaron mutuamente. Cuando las Madres comienzan a manifestarse, en sus rondas, con sus pañuelos, portando las fotos de sus hijos, se produce un despliegue visual que fue potenciado por el trabajo de los fotógrafos de prensa que sacaron imágenes altamente simbólicas y conmovedoras, a través de las cuales pudieron mostrar su potencial creativo y su profesionalismo que se había visto coartado y limitado a partir del golpe. También eran fotos que les permitían a esta generación de jóvenes fotógrafos colaborar para desprestigiar una dictadura que los había perseguido, golpeado, censurado. La dictadura percibió rápidamente el impacto que tenían estas imágenes emotivas y de denuncia, lo que convirtió a los fotógrafos en un grupo especialmente buscado para ser reprimido en las manifestaciones públicas. Era parte de la práctica habitual de su trabajo a fines de la dictadura sufrir persecución, golpizas, robo de rollos, rotura de sus cámaras o ser detenido.
 
Por el lado de las Madres, a su vez, estas fotos eran un instrumento de visibilidad social que permitió la expansión e identificación de una franja más amplia de la población con sus reclamos, expandir su denuncia internacionalmente y desbaratar la política de ocultamiento implementada por la dictadura. 
 
Este proceso de hechos —producción de imágenes de esos hechos, circulación y reconocimiento— es el que hace que las imágenes mismas se hayan transformado en una forma de construcción que favoreció la difusión y el conocimiento de lo sucedido bajo el terrorismo de Estado. La forma en que estas mujeres eran fotografiadas fue un elemento clave en la búsqueda de la ampliación de su base social y de su reclamo. Sus rostros, su tristeza, su solidaridad, su imagen en definitiva, eran la contracara del estereotipo de “locas y subversivas” con la que la dictadura trató de identificarlas. Estas imágenes fueron un poderoso soporte comunicacional que contribuyó a difundir su búsqueda y sus reclamos de verdad y justicia y las transformaron en un ícono de trascendencia mundial. Las fotos de las Madres y otros familiares portando a su vez imágenes de sus seres queridos, como en el juego de las muñecas rusas pero a la inversa, permitieron romper esa doble ocultación: las desapariciones mismas y la búsqueda de los desaparecidos.
 
Por su parte los fotógrafos de prensa comprometidos, generacionalmente coetáneos con muchos de los desaparecidos, querían y admiraban a esas Madres que podían también ser las suyas. Al mismo tiempo son estas fotos emblemáticas las que les dieron un prestigio y una legitimidad que no tenían los reporteros gráficos argentinos hasta entonces, mientras que al fotografiarlas realizaban un aporte a su lucha y se transformaban en una herramienta de protección, difusión y defensa.






Notas
1. Este trabajo es parte de un estudio más amplio que analiza el tipo de imágenes que se publicaban y el trabajo de los fotógrafos de prensa durante la última dictadura militar en Argentina y se enmarca en mi proyecto de doctorado: “Historia del fotoperiodismo en Argentina (1967-1987)”. Beca Ubacyt. Año 2008.  Volver
 
2. Hablamos de medios en general porque, a pesar de existir diferencias entre los distintos diarios y revistas, se puede decir sin duda que toda la prensa escrita comercial actuó en forma unívoca y homogénea apoyando el golpe de Estado. Con la excepción que significó la cobertura del diario Buenos Aires Herald, escrito enteramente en inglés, bajo la dirección de Robert Cox. Por otro lado los medios radioeléctricos, radio y TV, pasaron directamente a funcionar bajo control militar. Volver
 
3. Al primer encuentro, relata Ulises Gorini, concurrieron 14 personas entre madres y otros familiares. Para la reconstrucción de la historia de las Madres de Plaza de Mayo ver Ulises Gorini, La rebelión de las Madres. Historia de las Madres de Plaza de Mayo, Tomo I (1976-1983).  Volver
 
4. Un listado completo de los fotógrafos desaparecidos se puede consultar en el Nº 3 de la revista Ojos Crueles, pág. 11.  Volver
 
5. Antes de 1976, el gobierno de Isabel Martínez de Perón ya había clausurado los diarios El Mundo y Noticias (al que le habían puesto además una bomba en su redacción). Después del golpe, entre los diarios y revistas clausurados, intervenidos o cerrados por sus directores en función de las amenazas y/o presiones recibidas, se encuentran: la revista Crisis, el semanario Cuestionario, los diarios Crónica y La Opinión, la revista de humorSatiricón, los diarios del interior La Mañana (Entre Ríos), La Arena (La Pampa), El Independiente (La Rioja),Crónica (Comodoro Rivadavia), Los Principios (Córdoba), La Época (Corrientes), El Intrasigente (Salta), entre otros (Ulanovsky, Carlos, 1997 y otros). Volver
 
6. En todos los medios de la época, la fotografía periodística estaba subordinada a la redacción, el jefe de fotografía presentaba opciones sobre un tema y se las entregaba a los jefes del resto de las secciones para que seleccionen y editen. El fotógrafo no tenía en general injerencia en lo que salía publicado. (Entrevistas a fotógrafos varios realizadas por la autora). Volver
 
7. Eduardo Blaustein, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso,  señala con ironía: “En el 90% de las fotos que uno puede ver, por lo menos recorriendo rápidamente los diarios de entonces, son fotos de esas que cualquier fotógrafo en general lo mata a su editor fotográco si lo obliga a publicar eso: foto permanente de carnet del coronel Gutiérrez que pasa el cabo González, responsable de prensa permanente; foto de Videla hablando en un discurso televisivo; Videla hablando en una ceremonia religiosa; Videla en un desle; milico con la mano sobre el regazo; milico al lado de un tanque...” (Mesa redonda: “A 25 años del golpe, la fotografía de prensa en la dictadura”, III Jornadas de Fotografía y Sociedad, 2001).  Volver
 
 
8. Esta foto fue publicada recién por primera vez recién en 2006 en el libro de Cerolini, Pablo; Reynoso Alejandro, (comps), (2006) En negro y blanco. Fotografías del Cordobazo al Juicio a las Juntas. Pág. 101, que señala en su epígrafe: “Frente al Ministerio del Interior, una larga fila de familiares espera conseguir información sobre sus seres queridos”.  Volver
 
9. Una historia detallada de la formación de esta Muestra puede leerse en Gamarnik, Cora, Reconstrucción de laprimera muestra de periodismo gráfico argentino durante la dictadura, 5º Jornadas de Jóvenes Investigadores, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Noviembre 2009.  Volver
 
10. Hay una tercera puesta en visibilidad de lo que trató de ser ocultado que es la que realizaron las Abuelas de Plaza de Mayo utilizando la fotografía de sus hijos, yernos y/o nueras y nietos desaparecidos en los casos en que existían imágenes, que han servido en numerosas ocasiones para identificar o identificarse como un posible hijo/a de desaparecidos.  Volver
 
11. Entrevistas realizadas por la autora entre otros a Daniel García (fotógrafo en ese entonces de NA), Pablo Lasansky (en ese entonces trabajaba en NA), Eduardo Longoni (en ese entonces trabajaba en NA), Aldo Amura (en ese entonces free lance), Daniel Merle (en ese entonces reportero de SIGLA), Bécquer Casaballe (en ese entonces fotógrafo de Clarín), Carlos Pesce (en ese entonces fotógrafo de 7 Días Ilustrados).  Volver
 
12. El periódico Acción es el órgano de prensa del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) y fue uno de los pocos medios que durante la dictadura mantuvo un discurso que se animó a salir de los estrechos cánones establecidos. Fue también el único periódico que compraba y publicaba fotos de esta nueva camada de fotógrafos. Todos los fotógrafos entrevistados señalan unánimemente el rol de apoyo que tuvieron por parte de Roberto Gómez, director del periódico por aquel entonces, quien muchas veces les compraba fotografías aunque no pudiese publicarlas.  Volver
 
13.  “La foto con el rostro del desaparecido pasó a ser, en esos momentos iniciales, una herramienta de búsqueda, una esperanza frente a la incertidumbre. Muchas madres de desaparecidos (…) iban a las comisarías con la foto de su hijo para ver si alguien lo había visto allí. La foto era una estrategia para individualizar al ser querido de cuyo destino nada se sabía. La foto acompañaba la búsqueda individual de cada familiar con la esperanza de que alguien lo reconociera y pudiera dar algún dato. Las Madres pensaban que el rostro estampado en esos papeles fotográficos de 4 X 4 podía permitir un reconocimiento que el nombre y el apellido no siempre aseguraba en las instituciones a las cuales recurrían” (Da Silva Catela, Ludmila, 2009).   Volver
 
14. Me baso para esta genealogía de los usos de la fotografía de desaparecidos en el texto de Da Silva Catela, 2009.  Volver
 
15. Hebe de Bonafini señala: “Un día, nos reunimos y charlamos mucho con otras compañeras, y dijimos que lo que teníamos que hacer era socializar la maternidad y hacernos madres de todos. (…) Sacamos el nombre del hijo del pañuelo y no llevamos más la foto con el nombre. (…) Para que cuando a la madre le vengan a preguntar, diga: ‘Sí, somos madres de 30 mil’. (…) Cuando íbamos a la Plaza intercambiábamos las pancartas de nuestros hijos. Empecé con esta idea para que la madre se dé cuenta que socializar la maternidad es un hecho impresionante, multiplicador y de amor. La primera idea fue que cada una llevara la pancarta de otro hijo. Las llevábamos en una camioneta, y cada una agarraba una, cualquiera. Pero ¿qué pasaba? Había muchas madres que se la pasaban mirando a ver dónde estaba la foto de su hijo, quién llevaba la foto de su hijo, si la llevaba bien, si la llevaba derecha, si la bajaba… Era como una pasión. Entonces yo decía: ‘Esto tampoco sirve porque si todavía no logramos confiar en quién se lleva la foto del hijo, estamos lejos’. Después dijimos que no podían llevar la foto colgada en el pecho con el nombre porque el periodismo siempre lo enfoca. Porque si nosotros decimos que socializamos la maternidad porque nuestros hijos nos enseñaron que todos somos iguales y todos los hijos son iguales, ¡cuántos hijos no tienen fotos! ¡Cuántas madres no tienen fotos de sus hijos! ¡Cuántas madres no vienen a esta Plaza! Entonces tenemos que identificarnos con todos: sin nombre y sin nada. Todos son todos. El rostro es como el rostro del Che: representa a tantos revolucionarios”. (Entrevista realizada a Hebe de Bonafini, presidenta de Asociación Madres de Plaza de Mayo, por Graciela Di Marco (Universidad Nacional de San Martín). Publicada en:
  
16. Para profundizar este tema ver Filc, Judith, Entre el parentesco y la política. Familia y dictadura, 1976-1983, Buenos Aires, Biblos, 1997.  Volver
 
17. El general Ramón Camps, jefe de la policía de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura, justificando el robo de bebés, dijo: “Personalmente yo nunca maté a un niño; lo que hice fue entregar algunos a organizaciones de caridad para que pudieran ser dados a nuevos padres. Los padres subversivos educan a sus hijos para la subversión. Esto debe ser detenido” (Entrevista publicada en revista La Semana. Nro 368, 22 de diciembre de 1983).  Volver
 
18. Entrevista realizada por la autora a Daniel García el 18/7/09.  Volver
 
19. Adriana Lestido tenía 24 años al momento de sacar esa foto y hacía una semana había conseguido trabajo como reportera gráfica en el diario La Voz. La fotógrafa declaró respecto de esta imagen: “Esta foto la saqué en 1982 durante una marcha en Avellaneda. Al empezar el acto una nena que estaba con su mamá se puso a llorar y los fotógrafos que cubrían la marcha se abalanzaron a fotografiarla. A mí me dio como un pudor fotografiar a la nena llorando, pero en un momento la madre la alzó, la nena dejó de llorar y ahí hice la foto. Es una madre de Plaza de Mayo atípica, porque pide por el marido, no por el hijo, y la nena está pidiendo por el padre, ese hombre ausente que de algún modo ha sido el eje central de toda mi obra”. En reportajes posteriores Lestido menciona que todo su trabajo posterior estuvo marcado por esta imagen.  Volver
 
20. En correspondencia con lo que cuenta Villoldo, en el año 2008, se encontró, en lo que fue la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA), uno de los archivos más importantes hallados hasta ahora pertenecientes a los organismos de seguridad vinculados a la represión durante la última dictadura. Bajo la etiqueta “Asunto: Madres de terroristas”, se encontraron los informes que realizaba esa dependencia sobre las Madres de Plaza de Mayo. Con algunas de las fotografías allí encontradas la Comisión Provincial por la Memoria organizó una muestra fotográfica llamada “Imágenes Robadas, Imágenes Recuperadas”. Pueden verse allí fotos con la identificación de cada una de las madres, fotos de las rondas y de otras actividades que ellas llevaban a cabo. En una de ellas puede verse a un grupo de madres saliendo de la catedral de Quilmes. Fue tomada en diciembre de 1981 después de una huelga de hambre. Con fibra arriba del rostro de cada una de ellas hay un número y en una hoja adjunta se observa el número con la correspondiente identificación del nombre de la madre. Hay fotos tomadas desde adentro de la ronda, donde se señala que esas madres aún no fueron identificadas. Los fotógrafos cuentan también que era usual encontrarse con supuestos colegas que también los fotografiaban a ellos.  Volver
 
21. Las madres son, de izquierda a derecha, Angélica “Chela” Mignone, Laura Rivelli, Hebe Bonafini, Nora Cortiñas, Beatriz “Ketty” Neuhaus, María del Rosario “Negra” Cerruti (Ver Bianco, Ana, publicado enhttp://humanobsas.wordpress.com/2007/05/08/madres-por-ana-bianco).  Volver
 
 
22. El oficial en cuestión es Carlos Enrique Gallote, quien se encuentra hoy detenido por haber participado de la llamada “Masacre de Fátima”, en la que aparecieron 30 cadáveres de desaparecidos dinamitados en la localidad de Pilar, Pcia. de Bs. As. Gallone en aquel momento pertenecía a la Seccional 4ta de la Policía Federal e integraba un grupo de tareas de la Superintendencia de Seguridad Federal que actuaba bajo las órdenes del entonces ministro del Interior, Albano Harguindeguy.  Volver
 
23. Esto lo cuenta el propio fotógrafo Marcelo Ranea en el programa Un tiempo después, emitido por Telefé en julio de 2008. El programa puede verse en: http://www.youtube.com/watch?v=JIW5IuOrOZQ&feature=related.  Volver
 
24. Un análisis detallado de esta foto puede leerse en el trabajo de Sánchez, María Victoria, Abrazar una imagen. Algunas reflexiones acerca de las relaciones entre imagen y memoria desde una fotografía.Volver 


 
Bibliografía

AA. VV. 2001, CD III Jornadas de Fotografía y Sociedad. Mesa redonda: “A 25 años del golpe, la fotografía de prensa en la dictadura”. Panelistas: Eduardo Blaustein (periodista), Rafael Calviño (fotógrafo), Roberto Gómez (periodista), Carlos Mangone (profesor de Semiología) y Miguel Martelotti (fotógrafo y editor de fotografía).Coordinador: Tony Valdez (fotógrafo).
Bianco, Ana, 2008. "La foto de Omar Torres", publicado enhttp://humanobsas.wordpress.com/2007/05/08/madres-por-ana-bianco/
Blaustein, Eduardo y Martín Zubieta, 1999. Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Buenos Aires, Colihue.
Bonafini, Hebe, 1988." Historia de las Madres de Plaza de Mayo", Conferencia pronunciada en Liber/Arte el 6 de julio de 1988. Disponible en el sitio oficial de Madres de Plaza de Mayo.
Bousquet, Jean-Pierre, 1983. Las Locas de la Plaza de Mayo. Buenos Aires, El Cid Editor.
Cerolini, Pablo y Alejandro Reynoso (comps.), 2006. En negro y blanco. Fotografías del Cordobazo al Juicio a las Juntas. Buenos Aires, ARGRA.
Filc, Judith, 1997. Entre el parentesco y la política. Familia y dictadura, 1976-1983. Buenos Aires, Biblos.
Da Silva Catela, Ludmila, 2009. “Lo invisible revelado. El uso de fotografías como (re)presentación de la desaparición de personas en la Argentina”, en Claudia Feld y Stites More (comps.), El pasado que miramos. Buenos Aires, Paidós Comunicación: 337-361. 
Gamarnik, Cora, 2009. “Reconstrucción de la primera muestra de periodismo gráfico argentino durante la dictadura”, V Jornadas de Jóvenes Investigadores, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, cuatro al seis de noviembre de 2009.
Gorini, Ulises, 2006La rebelión de las Madres. Historia de las Madres de Plaza de Mayo, Tomo I (1976-1983). Buenos Aires, Grupo Editorial Norma.
Novaro, Marcos y Vicente Palermo, 2003. La dictadura militar, 1976-1983. Del golpe de Estado a la restauración democrática. Buenos Aires, Paidós.
Postolski, Glenn y Santiago Marino, 2005. “Relaciones peligrosas: los medios y la dictadura entre el control, la censura y los negocios” en Guillermo Mastrini  (ed.), Mucho ruido, pocas leyes... Economía y políticas de comunicación en la Argentina (1920-2004).Buenos Aires, La Crujía.
Sánchez, María Victoria, 2009. "Abrazar una imagen. Algunas reflexiones acerca de las relaciones entre imagen y memoria desde una fotografía". Versión digital publicada en el CD del Primer Congreso de Sociólogos de la Provincia de Buenos Aires, La Plata.
Schindel, Estela, 2003. Desaparición y sociedad: una lectura de la prensa gráfica argentina (1975-1978)Berlin, Freien Universität Berlín.



1978 - Madres de Plaza de Mayo


1978 - Madres de Plaza de Mayo. Fotógrafo: Mario Manusia


1978 - Madres de Plaza de Mayo


1982 - 10 de diciembre - Segunda Marcha de la Resistencia


1982 - Madres de Plaza de Mayo reprimidas por la caballería. Fotógrafo: Eduardo Longoni


1983 - Madres de Plaza de Mayo y Pérez Esquivel 


1984 - 20 de diciembre - Abuelas de Plaza de Mayo


1988 - Madres de Plaza de Mayo La Ronda. Fotógrafa: Alicia D'Amico

Abuelas de Plaza de Mayo


Abuelas de Plaza de Mayo


Abuelas de Plaza de Mayo


Abuelas de Plaza de Mayo


Madres de Plaza de Mayo 


Madres de Plaza de Mayo 

Madres de Plaza de Mayo y Pérez Esquivel


Abuelas de Plaza de Mayo


Abuelas de Plaza de Mayo


Abuelas de Plaza de Mayo


Abuelas de Plaza de Mayo

Madres de Plaza 25 de Mayo - Rosario